Y es extraño. Porque no suelen sucederme este tipo de cosas cuando el cielo arroja con fuerza sus amarguras. Pero hoy no... hoy todo fue distinto. Hoy todo se teñía de color a medida que esas gotas chocaban contra el piso, como si cada sonido fuese un llamado irrevocable. Como cada vez que una de ellas reventase, me dejara una pequeña pista. Como si su humedad lavara mi dolor parcialmente.
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