Son casi las dos de la mañana. Todos duermen, pero yo no puedo siquiera cerrar mis ojos. Qué más da, es solo una puta noche más que me desvelo.
Llegué a mi casa a eso de las nueve, saludé y pase directo a mi pieza. Tiré mi mochila y acto seguido me arrojé violentamente contra mi cama. Respiré profundo: 1,2,3… mis ojos se llenaron de lágrimas a medida que recordaba cada una de las palabras que tipeaste en aquella maldita ventana de Messenger. Sí, todo nuevamente en letras resumiendo tus impulsivos pensamientos meditante unas teclas, refugiándote una vez más en una puta pantalla…a muchos metros de mí; donde no pudiese ver tus ojos mientras decidías. Donde no pudiese percibir tu respiración agitada, donde no pudiese fijar mi vista en tu rostro, donde nisiquiera pudiese descrifrar tu voz. Ninguna maldita posibilidad. Ninguna maldita chance. Ninguna maldita esperanza ¿Podría ser aún más doloroso, honey?
Apreté mi cabeza contra la almohada, como deseando hundirme repentinamente y de una puta vez; pero acá seguía…acá retumbaban todas las frases, acá me dolía el pecho, acá estaban todos los trozos de mi corazón repartidos sobre el suelo, en cada puto rincón de mi ser… clavándose hasta hacerme sangrar. Y el dolor; sí… la agobiante convicción de que esta vez no pude hacer nada. Que no ibas a volver, decidiste no luchar por mí. No quisiste arriesgarte, cruzar el río y encontrarme al otro lado.
Me dejaste esperando.
Te vi llegar hasta tu extremo, mirarme y dar la media vuelta.
Y en cada segundo en que observaba esa ventana - mientras esperaba las respuestas a esas preguntas que rondaban mi mente desde la vez aquella en la que te despediste sin previo aviso, en que restregaste en mi cara que habías jugado conmigo, en que reiteraste tu pericia para mentirme - mi corazón latía incluso tan rápido como cuando me pediste ese primer beso y mi estómago no hizo más que revolverse de lo nerviosa que estaba.
Porque solo quería que te quedases. Porque aunque supiera que tu lógica no permitiría seguir con esto, aún así esperaba leer esas dos palabras que me devolverían la vida. Porque no paraba de creer que dejarías de luchar contra tu corazón. Porque por unos minutos pretendí que vieras que si no te dabas por vencida, aunque el camino fuese difícil yo jamás te dejaría. En realidad, aún así no lo haré… porque los Ángeles Guardianes no abandonan… JAMÁS.
Miré al techo, apagué la luz y abrí mis cortinas. Volví a respirar y miré las estrellas. Hacía frío, sin embargo quise sentir el aire helado cortándome la cara. La misma jodida pregunta una y otra vez ¿Por qué? .Volví a mi cama, encendí mi mp3 y dejé correr mi playlist… no sé si fue la mejor idea, pues estaban cada una de las canciones que tu y yo alguna vez decidimos apropiarnos. Las lágrimas esta vez no eran de dolor, sino de tristeza. Y el vacío. El maldito vacío una vez más.
Supongo que no hace falta recordarte el resto. Nos conocemos, Honey. Sí, aunque pretendamos hacernos las extrañas yo lo sé. Conozco tus palabras, conozco tus caricias, conozco tus labios, conozco tu cabello, conozco tu sonrisa, conozco tus lágrimas, conozco tus abrazos, conozco tu luz, conozco tu sombra, conozco tus manos, conozco tu respiración, conozco tu rabia, tu odio, tu tristeza y buena parte de tus miedos. Conozco tu veneno.
Lo sé, pensarás que estoy loca y que simulo saber como te sientes. No, no es eso. Tan solo ponte a pensar que en más de un año algo debí haber aprendido. No se puede amar sin conocer ¿no crees?. No me odies, no pretendo ser una experta…solo soy observadora y tú lo sabes. Pero el amor es ciego, así de simple.
Y en cada noche que pasa más me cuesta dormir. Y en cada respiro recuerdo tu aroma. Y en cada atardecer más te extraño. Porque me acostumbré a ti; tal como eres… o quizá a la forma de ser que tienes conmigo. A tu risa nerviosa, a tus impulsos bipolares, a tus ideas locas y arrebatadas, a tus besos que me dejaban sin aire.
Sí, a todo eso. Y duele, duele darse cuenta que voy a tener que dar vuelta la página… aunque no tenga ni la más puta idea de cómo hacerlo ! .Porque te quiero ver feliz, amor. Y sé que es difícil, pero entiendo… o al menos de eso intento auto convencerme ¿ves que no eres la única con una constante lucha interna?.
Se me hace difícil pensar ahora.
No quiero, no quiero…NO QUIERO!!
Dime ¿cómo lleno este vacío?
No quiero cometer ningún error más. No necesito eso.
Y lo único que necesito no lo tendré a costa de tu felicidad.
No soy tan egoísta, y si necesitas que desaparezca… ya está.
Sabes dónde y cómo encontrarme, solo hazlo.
De todas formas, la heroina nunca dejará de correr por mis venas.
Honey: Gracias por el veneno!
No hay comentarios:
Publicar un comentario